El sueño de llegar a ti
Ese día estaba caminando hacia la escuela. En la vereda de enfrente estaba Samantha, una chica de mi mismo grado, rubia y de ojos azules, muy hermosa. Estaba con mi mejor amigo, charlando de chicas. Lo noté muy desanimado, triste y preocupado, y yo también me preocupé.
- ¿Qué pasa, Juan? – pregunté
- Nada… - respondió
- Algo te pasa. Te noto pensativo y triste. ¿Ocurre algo?
- Nada… Solo… ando pensando en la tarea de hoy. Me costó mucho hacerla y me quedé pensando en eso
Supe que estaba mintiendo, pero no quise insistirle más. Sabía que solo lo iba a empeorar.
- ¿Serías mi amigo si yo fuera homosexual? – preguntó de repente
Extrañado por la pregunta, pare y lo miré. El también paró a mirarme.
- ¡¿Qué?!
- Si seguirías siendo mi amigo si yo fuera homosexual
- ¿Acaso lo eres?
- ¡Vamos, Will! Es solo una pregunta
- ¡Que clase de pregunta!
Comenzamos a caminar de nuevo.
- Pero… ¿Lo seguirías siendo?
- Erm… Si…
- No te noto muy seguro
- Es que… nunca me agradaron los homosexuales. Tú sabes que soy homofóbico, que no me aguanto a los gays besándose por ahí. ¡Me da asco!
- Si, pero… ¿Y si lo fuera yo?
- Seria complicado. Tu eres mi amigo, por un lado tendría la inseguridad de que te enamores de mi y la tristeza de no poder cambiarme adelante tuyo ni de hacer otras cosas así, pero lo aceptaría.
- Gracias
- Eres mi amigo desde que tengo memoria
Llegamos a la escuela. Muchas veces, las chicas nos calificaban como los más lindos a Juan y a mi; teníamos un cuerpo atlético, practicábamos futbol en la escuela y teníamos ojos únicos. Juan tenia unos ojos azules brillantes que combinaban con su cabellera rubia. En cambio, yo tenia ojos verdes y era de pelo castaño.
Subimos las escaleras. Llegamos justo, porque ya había tocado la campana. Entramos al salón de clases y nos sentamos en nuestros respectivos lugares.
La clase fue muy aburrida. No recuerdo casi nada de ahí, pues estuve dormido casi toda de ella. Hubiera seguido pero la profesora me despertó. Por suerte, no me amonestó, pero me advirtió que si lo hacia de vuelta, entonces si habría una amonestación.
En el recreo, me reuní con Juan. Estabamos hablando hasta que la charla fue interrumpida por Rose y Mandy, dos amigas. Las dos eran muy bonitas.
- Hola, Will – me saludo Rose. Yo sabia que ella se moria de amor por mi. No estaba seguro si era amor, pero algo así era - ¿Cómo andas?
- Erm… - mire a Juan – Bien. Ando muy bien… ¿Vos?
- Bien… aburrida
- ¿Por qué?
- Ningún hombre me comprende – Rose era muy seductora – Me gustaría… - me abrazó. Susurraba muy cerca de mi boca - …un hombre… - se me iba acercando – que me sepa complacer – me besó. Juan se quedo sobresaltado, pero estaba muy ocupado con Mandy, creo. – Voy a hacer una fiesta mañana.
- ¿Mañana?
- Si. ¿No puedes?
- Erm… - mire nuevamente a Juan – Si, como no. ¿A que hora?
- A las 8
- Bien… Allí estaremos…
- No falten. Chau Will – me dio un beso cerca de la boca – Chau Juan – lo saludo en la mejilla. Luego, se fue junto con su amiga.
- Está muy necesitada o… no sé
- No seas malo, Juancito. Es muy seductora
- Muy zorra
- Puede ser
- ¿Un consejo? Nunca te metas con esa mujer
- Lo seguiré – suspiré - ¿Y tú? Te conseguiste un buen rodeo con Mandy
- Es una tarada. Más fea que bañarse en invierno
- ¡Vamos! La traes loca
- Si, pero ella a mi no.
- ¿Y quien te gusta?
- No te lo diré
- ¿Por qué no?
- Porque la persona que me gusta no me da ni la hora
- Ah, bueno, veo que está muy ciega esa chica
- ¿Y quien dijo que era chica?
- ¿Cómo? – lo miré espantado y nos quedamos un rato en silencio
- Es chiste
- Eres un tarado
- Era un chistecito, no más
- No es un buen chiste
- Claro, que si
Las clases que siguieron fueron muy aburridas. Disfruté cuando salimos.
El reloj dieron las siete de la tarde y me entré a bañar. Faltaba una hora para las ocho, pero yo tardo en bañarme. Cuando salí, eran menos cuarto, asi que me apure; me despedí de mi mamá y me fui directo para la casa de Rose. En la puerta estaba Juan. Entramos.
En la fiesta bailamos, besamos chicas y nos emborrachamos. Era un desastre, pero nos divertíamos.
- Rose está vomitando en el baño. Vamos a verla – Dijo Juan
Nos dirigimos al baño y allí estaba Rose vomitando. Le pedimos permiso y pasamos. Rose estaba tirada frente al inodoro, vomitando sin parar.
- ¿Estas bien, Rose? – le pregunte tocándole el hombro
- Si… demasiado alcohol, nada más – respondió
Juan tenia una mano en la tapa del inodoro. Rose levanto la cabeza y no pudo resistir las ganas de vomitar. Lo hizo sobre la mano de mi amigo.
Estuvimos un largo rato allí. Rose se fue cuando se pudo reponer y nosotros nos quedamos limpiando una parte del inodoro. Yo ayudé a Juan a limpiarse la mano. Cuando terminamos, nos paramos de enfrente. Juan me miraba serio. Yo era más petizo que él y, sin embargo, sentía su mirada seria.
- ¡Por fin! – dije
- Si
- ¿Qué pasa, Juancito?
- ¿Viste que me preguntaste de quien gustaba yo?
- Si…
- ¿Y no te quise responder?
- Si…
- Es porque me gusta un chico
- ¿Quién?
- Tú
Juan me agarro de la cara y me besó. Yo seguía su juego besándolo. Me acorraló contra la pared. Los besos eran muy apasionados y descontrolados. Me sentía raro, pero, por otra parte, era lo único que quería. Solo quería aprovechar el momento, no quería pensar como pasó, porqué ni nada de esas cosas. Solo quería hacerme adicto a sus besos, y lo estaba logrando. Sus besos me gustaban, sus labios carnosos me incitaban a seguir besándolo y no dejar de hacerlo.
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